Lo de Jerónimo Saavedra escama y mucho. Este hombre no está bien.
Reconozco que no ha sido nunca santo de mi devoción, pero es que de un tiempo a esta parte lo encuentro muy lengua trapo, le ha dado por soltar perlas y cuando coge carrerilla... ¡cógelo cuco!
La última es de hoy mismo: "estamos aplatanados". Pocas coletillas conozco tan perniciosas y repugnantes como esa. Y sin embargo, si tuviéramos que buscar un mantra que nos imbuyera de canariedad, no encontraríamos otro más acertado; tan mamado tenemos el ofensivo "estamos aplatanados" que lo creemos ya parte intrínseca de nosotros mismos y hasta lo aceptamos con una sonrisa y sentido del humor.
Dice Saavedra que
los agentes públicos y privados de la ciudad están "aplatanados" y no actúan para dar respuesta a la demanda de camas turísticas de buena calidad que precisa su programación cultural y de congresos. No sé si el alcalde, como agente público que es, se incluye en la ola de aplatanamiento generalizada. Pero lo que más me llama la atención es aquello de que la programación cultural de Las Palmas de Gran Canaria requiere camas turísticas. Que yo sepa, la inmensa mayoría de canarios que sigue y participa en la cultura de la ciudad ya tiene casa y cama (aunque con el rumbo que llevamos a lo mejor cambia eso también), ¿a dónde quiere ir a tener el alcalde?
Pues resulta que por "programación cultural" Saavedra no entiende bibliotecas en los barrios, casas de la cultura dinámicas y repartidas por la ciudad, escuelas populares en las que se imparta todo tipo de cursos a precios razonables... No. La programación cultural de la que él habla parece que no fuera destinada a los ciudadanos de la capital grancanaria. Se compone de "simposios y jornadas". Ahí es donde entran las camas turísticas, mediante por ejemplo la construcción de un nuevo hotel de categoría superior en una parcela ubicada en el entorno del Auditorio Alfredo Kraus.
Que no es que yo me oponga necesariamente a ese proyecto, que no conozco, no se vayan a creer que estoy yo detrás de
la isla del no. Uno pretende ser "sensato" y "ético". Pero claro, el entorno del Teatro Pérez Galdós hiede a cloaca,
el transporte público de la ciudad ofrece un servicio penoso, la calle
Obispo Romo lleva meses sin una solución, etc. etc. Y claro, cuando me hablan de programación cultural pero no exactamente dirigida a mí, para encima nombrarme el supuesto aplatanamiento... uno se calienta.
Luego caigo en la cuenta de que Saavedra, sin venir a cuento, recordó los "chiringuitos impresentables" que se ofertaban en la década de los sesenta en Las Canteras, y mi cabreo muta a estupefacción. De aquello hará como 40 años. Estamos en 2008, señor alcalde.
Este hombre no está bien.