Ustedes dirán que acabo de inventar la rueda, pero uno en su candidez no puede dejar de sorprenderse por cómo el mundo empresarial más parece un baile de máscaras que otra cosa.Nokia por ejemplo no es sólo un líder en el competido mundo de las telecomunicaciones: es el mascarón de proa de la industria finlandesa y una de las empresas europeas más pujantes. Los propios finlandeses la colocan como mejor marca del país y valoran muy positivamente ser empleado de Nokia. La mayoría no sabe que el 90% del capital de la empresa pertenece a fondos de pensiones estadounidenses, que sólo el 10% de las acciones está en manos finlandesas. ¿Cómo hablar entonces de empresa finlandesa o europea? ¿Qué pasará si esos fondos especulativos terminan por abandonar la empresa, en pos de capitales más sustanciosos?
El Grupo Prisa, propietario de El País, Cadena Ser, Cinco días o la editorial Santillana, también cuenta con muchos intereses económicos en toda Latinoamérica. Entonces, ¿dónde quedan el compromiso con la veracidad y la objetividad cuando uno es juez y parte? ¿Dónde la imparcialidad de los editoriales de El País sobre países como Bolivia o Venezuela? ¿Dónde las funciones de control del llamado cuarto poder? La respuesta la tienen en esta entrada, que descubro gracias a un amigo. Un invitado es expulsado de un programa de la Cadena Ser por criticar la, a su juicio, parcialidad con que tratan la actualidad venezolana los medios de Prisa. Les recomiendo que escuchen la entrevista y juzguen por sí mismos.
Todo esto me sugiere varias cosas: en el mundo de las grandes empresas, también las canarias, nada es lo que parece, como en Carnavales; los medios de comunicación van camino de perder la autonomía e independencia que les quedaba; y, sobretodo, las fronteras políticas entre Estados que todavía hacen que pensemos en clave nacional o estatal, hace tiempo que se diluyeron y carecen de toda relevancia en el mundo de las finanzas.
Lo dicho: descubro la pólvora.



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